Los disruptores

Los disruptores endocrinos son sustancias ajenas al cuerpo que tienen la capacidad de alterar nuestro equilibrio hormonal causando serios problemas al organismo. La mayoría de estos disruptores nos llegan a través de algunos alimentos u objetos de fabricación industrial. La evidencia científica sobre los efectos perjudiciales que hay sobre la salud de la población es indiscutible hoy en día, por ello, es importante que los gobiernos se pongan al día y empiecen a regularlos, algo que muchas industrias químicas siguen evitando.

Los disruptores son capaces a aumentar la producción de algunas hormonas, de disminuirlas e incluso de sustituirlas; es decir, de hacer que el cuerpo reconozca ciertos disruptores como hormonas concretas  e inhabilitando las verdaderas. También pueden hacer que las células sanas mueran antes de tiempo, competir con algunos nutrientes esenciales, juntarse a otras hormonas, o saturar órganos de producción de hormonas.

La relación existente entre los disruptores endocrinos y el cáncer es especialmente preocupante en niños. Se han encontrado grandes cantidades de parabenos situados en la parte alta de las mamas en la mayoría de mujeres con cáncer de mama. Desodorantes, lociones solares, champús, acondicionadores, pasta dental, gel de baño, maquillaje, cosméticos, medicamentos farmacéuticos, aditivos alimenticios… la lista es enorme y el posibilidad de evitarlos es cada vez menor.

¿Qué podemos hacer?

  • Evitar todos los alimentos que estén envueltos en plástico, sobre todo aquellos que tengan un contacto directo.
  • Utilizar productos libres en bisfenol A, los tupper o los plásticos están llenos de dicha sustancia. El film de PVC muy usado en cocina también es uno de ellos, igual que la mayoría de los productos enlatados.
  • Utilice recipientes de vidrio.
  • Utilice aspiradoras con filtros HEPA.
  • Evite los aromatizantes.

La Comisión Europea tendría que haber definido los diferentes criterios para identificar los disruptores y sus efectos nocivos en diciembre de 2013, pero no lo hizo. Sabemos que pueden influir en el desarrollo del cáncer en numerosas personas, en la infertilidad (algo que les va de perlas a las empresas de inseminación artificial), en problemas de desarrollo cerebral, malformaciones genitales, diabetes y obesidad; curiosamente, muchas de las enfermedades que la mayoría de nosotros conocemos. Se ha estimado que el coste que producen las enfermedades debidas a los disruptores podría llegar a los 157.000 millones de uros cada año, ¡sólo en la Unidad Europea! Así mismo, cada vez que los estudios científicos señalan más lo perjudiciales que son, surgen más estudios de dudosa seriedad que los contradicen, haciendo enlentecer una acción firme para proteger la salud de las personas.

Bien, ante la duda, cada uno es libre de tomar la decisión de bañarse de disruptores todos los días o de intentar hacer el esfuerzo de evitarlos. Yo os aconsejo esto último, en la medida que podáis.

Visita mi página web: www.xavierturell.com

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